El Marco
martes 06 de diciembre de 2016

400 años de la Estancia Jesuítica Caroya

Por Claudio Videla*

Breve repaso de la historia

Merced

El 11 de septiembre de 1574, el Teniente de Gobernador Lorenzo Suarez de Figueroa  (máxima autoridad en los territorios de la otrora aldea de Córdoba, fundada un año antes) entrega en merced al Capitán Bartolome Jaime(vecino Cofundador de Córdoba), las tierras en las que se formará la Estancia de Caroya. En el acta que lo documenta, luego de describir las referencias geográficas, las menciona con la denominación de "CAROYAPA e ISTINOCORA, y por otro nombre ISCHAPA AUPA"

Un PLEITO, dos dueños

El 5 de noviembre de 1596, el Capitán Jaime entrega las tierras a su hija  (reconocida) Lucía Gonzalez, como parte de Dote al casarse con Juan  Maldonado. Juan y Lucía las venden a Diego Funes y su esposa Inés Gonzalez Jaimes (medio hermana de Lucía, no reconocida por Jaime). Diego e Ines, a su vez, la entregan en dote a su hija Doña Isabel de Funes al contraer enlace con Luis de Ribera.

El matrimonio se radica en la estancia. Un astuto maestro sastre (identificado en algunos textos como sacerdote) llamado Pedro Fernández Bandurreira, solicitó prestado el campo a Luis de Ribera para guardar hacienda. Al fallecer Don Luis, su viuda contrae enlace con el capitán Damián Pérez de Villarreal. Muerto Ribera, y tras algunas maniobras jurídicas y algunas mejoras introducidas, Fernández logró la confirmación por parte del gobernador Don Luis de Quiñones Osorio, sobre la tenencia de una importante cantidad de leguas de las tierras de Caroya.

1616: un año definitorio.

En enero de 1616, Isabel de Funes y su nuevo marido, establecen un PLEITO para la recuperación total de la propiedad, pero deciden vender la estancia ante la posibilidad de perder el juicio. El hermano, y apoderado, Cristóbal de Funes, involucra al padre Diego de Torres S.J., Rector del Colegio de la Compañía de Jesús, interesándolo para que la comprara.

El 16 de noviembre de 1616, el padre Torres -que estaba buscando tierras para el Colegio- después de arduas tratativas, las compra en 200 pesos, con pleito incluido.

El primer día de diciembre, el Padre Diego de Torres acuerda con  Fernández Bandurreira el pago de 250 pesos por todas las mejoras realizadas, adquiriendo de esta manera la totalidad de las tierras de Caroya (180.000 hectáreas en el período de consolidación).

El 8 de diciembre de 1616, ante la presencia de varios testigos y la máxima autoridad de Justicia Juan Bautista Daniel, el representante de la Compañía de Jesús Padre Diego De Torres toma posesión definitiva de las disputadas tierras de Caroya.

(Imagen: archivo Claudio Videla)

PATRIMONIO PÚBLICO, su importancia.

En el año 1661, el Presbítero Ignacio DUARTE y QUIROS (de familia acaudalada y allegada a los Jesuitas) ofrece comprar la estancia a la Compañía de Jesús; en su cabeza rondaba la idea de fundar un colegio, y necesitaba sostenerla económicamente, concretándola en el año 1687, y poniendo a su obra bajo la protección de la devoción de la virgen  de Monserrat. Al  morir Duarte y Quiros, dona la Estancia de Caroya -y otros bienes- a los jesuitas, pero estableciendo un Legado con Cargo: lo producido en la Estancia, todo lo edificado, plantado y en uso, sólo debía ser utilizado para sostener su amada obra, el ahora Colegio Nacional de Monserrat.

Este hecho legal, y bendito, evitó que la propiedad pudiese ser vendida a manos privadas por la Junta de Temporalidades,   tras la expulsión de los Jesuitas  (1767). Cuando llega el inicio de nuestra revolución emancipadora, la Estancia se encontraba ligada al Colegio de Monserrat,  y éste a la Universidad de Córdoba.

Mucha historia en sus claustros.

En 1814, haciendo uso del patrimonio público,  el Director Supremo Gervasio Posadas  instaló la primera Fábrica de Armas Blancas, trasladada a Buenos Aires en 1816. Años después, en marzo de 1878, la casa recibe a los inmigrantes friulanos, pioneros fundadores de la actual Colonia Caroya. A fines del siglo XIX se produce la venta de la propiedad a Benigno Acosta, quien modifica el nombre llamándola  Las Mercedes, en  homenaje a su esposa e hija.

(Imagen: archivo Claudio Videla)

Para el año 1941, en que fue declarada Monumento Nacional, la Estancia había caído en el abandono de toda responsabilidad patrimonial y estaba ocupada por numerosas familias que, al ser  expulsadas dejan en ruinas la edificación, utilizando material de sus pisos, paredes, aberturas y techos, para construir sus casas, en la zona aledaña a la estancia.

En los inicios de la década de 1960, el Gobierno de la Provincia toma a su cargo las 13 hectáreas con que cuenta en la actualidad y comienza un proceso de reconstrucción que llevaría más de tres décadas  (con intervenciones de autoridades provinciales, eclesiásticas, municipales y particulares comprometidos con la recuperación del patrimonio).

Este proceso tiene un hito fundamental en el año 2.000, cuando el Conjunto de la Manzana y las Estancias Jesuitas fueron declaradas  PATRIMONIO MUNDIAL por la UNESCO.

De Títulos e Identidad.

Si bien al Patrimonio Cultural, o al Natural tanto como al Inmaterial y el  Mixto, es esencial reconocerlos, protegerlos, preservarlos, es fundamental la acción de difundirlo para que las comunidades -y sus representantes- tomen cabal conciencia de su valor excepcional para las actuales y futuras generaciones.

(Imagen: archivo Claudio Videla)

Hay permanente riesgo de repetir errores del pasado y perder importantes patrimonios, estar atentos a estas circunstancias es deber de todos. La Estancia de Caroya es ejemplo de ello. Trabajamos en un espacio que  brinda  un servicio cultural, pero la razón de su existencia trasciende los tiempos, llevando un mensaje esperanzador ante las depredaciones sociales.

Nuestra historia refleja un ideario comunitario, de trabajo, constancia y sacrificio. Respetar, aprender, estudiar con mirada crítica, e interpretar el camino recorrido de quienes pensaron una obra magnífica, es prioridad para salvaguardar la memoria colectiva de los pueblos. Muchas veces acecha la mirada comercial, y los intereses se mueven olvidando la mayor de las riquezas que tienen los pueblos: su identidad histórica, guardada siglo tras siglo en los sitios que son su reflejo material.

*Director de la Estancia Jesuítica Caroya.