El Marco
viernes 18 de mayo de 2018

Algunas líneas de una tesis sobre tetas

Por Agustina Conci*

Cuando me convocaron a escribir algunas líneas sobre una tesis -mi tesis, que lleva por nombre “En tetas, una abordaje sociosemiótico sobre los cuerpos feminizados a partir del Hashtag tetazo en Twitter”- intenté pensar en los motivos que ameritaban un artículo. Les comparto algunos interrogantes sobre la importancia de pensar estos temas, y nuevas preguntas.

La idea de hablar sobre el cuerpo, los cuerpos – y más precisamente, los cuerpos de las mujeres- estaba presente entre nosotras porque tratábamos de entender las violencias que nos atravesaban como género, violencias que todos conocemos y que además están en agenda periodística cada día: la versión más extrema es el femicidio. Y en ese trajín de pensar-nos, sucedió el tetazo.

Tres mujeres en una playa de Necochea se sacaron el corpiño y empezaron a tomar sol en topples. Todo terminó en la amenaza de 15 policías, el pedido de “linchamiento” público y las chicas yéndose de la playa. El movimiento feminista reaccionó diciendo: “la única teta que molesta es la que no vende”, y convocó a concentrarse en distintos puntos del país, en tetas.

Hasta ahí, casi una anécdota política. Pero lo interesante del tetazo fue los sentidos que produjo sobre las tetas: por eso, intentamos ver qué decían en Twitter sobre las mujeres que marchaban. Así, la violencia comenzó a revelarse como la cara más visible de esa lenta domesticación sobre nuestros cuerpos.

Las normas del género nos atraviesan a todxs. No son exclusividad de varones o mujeres. De hecho, tuvimos que empezar a hablar de cuerpos feminizados, en vez de “cuerpos de mujeres”: nos quedamos cortas si pensamos que tener tetas te hace mujer, o que ser “hembra” te hace “mujer”, o que todo cuerpo con tetas quiere ser de la identidad “mujer”. Por eso, comenzamos a notar cómo los tweets emitían violencia siempre en relación a cuerpos puestos en el espacio público, que pedían visibilidad política y buscaban nombrarse sujet*s dign*s.

Construimos así un corpus de más de 12mil tweets. Entre las cosas interesantes que descubrimos de yapa, está la red de trolls y bots que dirigen la comunicación en las redes sociales. Hay agencias argentinas que se dedican a esta actividad: es decir, hay gente que paga para que su discurso llegue más lejos, sea parte de la discusión colectiva o dispare construcciones políticas sobre la realidad. Esto es grave cuando hablamos de que nuestros políticos lo están haciendo: descubrimos cómo hay contenido “plantado” en línea de acuerdo con lo que quiere el cliente -político o corporativo-. O por ejemplo, investigadores descubrieron cómo durante la marcha Ni una menos, en Twitter el hashtag #NiUNOMenos se instaló buscando contraargumentar a la primera, pero “los principales influenciadores eran cuentas sin nombres propios, con fotos falsas, creadas masivamente el mismo día. Es decir, no son personas reales pero inciden en discursos reales que estamos dando como sociedad.

Para ordenar esa vorágine de voces –una parte divertida, por lo irónica que puede llegar a ser esta red social- nos inventamos tres temas, que a la vez nombran a los grandes estereotipos que rodean a los cuerpos feminizados: las feminazis, las incogibles, y las profanas. La idea fue pensar estos estereotipos –en la sociosemiótica se llaman figuraciones- y los modelos de cuerpo que proponían.

Digo inventamos porque sostuvimos esos nombres como propuesta política, metodológica pero también poética. Pensar a esos cuerpos marchando en el tetazo como síntomas de la provocación, de cierta potencia transformadora y subversiva que luego es tan condenada en las redes, habilita a pensar en los miedos que rodean a estos cuerpos ¿Por qué da tanto miedo la teta? ¿Por qué se sacralizan las tetas maternales? ¿Por qué se permiten las operaciones de siliconas, pero se las cubre con el mínimo de un bikini? ¿Por qué se sexualiza la teta en algunas culturas y en otras no? ¿Por qué se censuran los pezones femeninos en las redes sociales, y no los masculinos? ¿Por qué se prohíben las tetas en las playas, y se permiten en el prime time televisivo? ¿Cuánto valen las tetas en la industria del porno? ¿Cuánto importa para los cuerpos feminizados tener las tetas grandes? ¿Una mujer debería siempre tener tetas para poder serlo?

En 1934 un grupo de hombres se reunió en Coney Island a protestar sin camisa, con el objetivo de que se quitara aquella regla que les prohibía quitarse la parte superior de su vestimenta en público. Esta medida de fuerza implementada llevó a cuatro hombres a un tribunal.

Tenemos que pensar la circulación de esos discursos violentos porque construyen ideas de cómo debemos sentir la política, y sobre todo, cómo debemos vivirla con el cuerpo. Eso respondería, en parte, la primera pregunta con la que comenzamos: ¿por qué estudiar esto es importante? Es decir, existen normativas que delimitan y construyen el discurso en relación a las tetas, y éstas configuran modos de habitabilidad: hay lugares donde puede haber (ciertos) cuerpos y otros donde no.

Muchxs de nosotrxs nos pasamos largas horas diarias leyendo Twitter u otras redes: son espacios en donde se desdibujan los límites entre noticia, verdad (o posverdad), relato personal, catarsis en vivo, retweet, periodistas, trolls, presidentes: todos hablando sobre nuestros cuerpos. Así, el cuerpo de las mujeres se constituye en terreno de un debate público en donde todos pueden opinar. Y si no, pensemos en el actual debate sobre el aborto.

Pero vamos a lo interesante. Les resumo algunas conclusiones:

Primero, sobre las feminazis: en general aparecen en los tweets como feas, desubicadas, politizadas. Este último adjetivo es uno de los más interesantes porque es un síntoma de época: estos cuerpos fueron sancionados porque se les adjudicó una identidad partidaria. Para descalificar, se apunta que las que marchan son “delincuentes” o bien “no tienen otra cosa que hacer”, frases comunes en el imaginario argentino para desacreditar otros tipos de luchas sociales.

En el discurso acerca de la política, también aparece la idea de la representatividad: por un lado, en la generalidad del discurso se asume que las feministas están “representando a su género”. Así, se asume que los feminismos funcionan en los mismos términos de que la democracia representativa, como si se tratase de una elección. El enunciador opta por renegar del feminismo entonces, con la expresión “no me representan”.

En segundo lugar, hablamos de las incogibles para referirnos a aquellas construcciones en torno al ideal regulatorio de belleza. En general, en Twitter todos los adjetivos en torno a estos cuerpos feminizados marchando era calificarlos de feos, gordos, no merecedores de atención sexual, siempre en relación a la expectativa masculina. A grandes rasgos, los argumentos sobre el cuerpo de las incogibles comienza diciendo “no son dignas de respeto” (por ser feas) y termina argumentando que por eso merecemos ser violadas.

Un ejemplo poco sorprendente (este señor es periodista):

Hacer la lectura del cuerpo como un objeto sexualizado permite entender las circunstancias por las cuales muchas de las agresiones de los tweets tienen carácter sexual. La insurrección de los cuerpos desnudos en el espacio público con consignas políticas infringe, en palabras de Rita Segato, dos grandes leyes del patriarcado: la norma del control sobre el cuerpo feminizado y la norma de la superioridad masculina. El discurso violento responde y se sostiene reforzando el pacto de masculinidad por sobre las mujeres. Desde una complicidad enunciada como “nosotros, el patriarcado, nosotros los varones” o “todos los hombres”, se expone, sanciona, controla, domina el cuerpo y se determina cuáles son hermosos y cuáles no.

Y finalmente, la figuración de profanas, que releva todos aquellos relatos sobre los cuerpos feminizados que colocan al cuerpo en una lectura tiene tetas=es mujer=es madre. Así, el cuerpo de la mujer es anclado a su rol reproductivo y doméstico. Por lo tanto, tener tetas incluye ciertos comportamientos, percepciones y maneras de estar en el mundo específicas e inalienables.

Las profanas subvierten esa norma del discurso biológico, que afirma que la función de procreación es aquella a la que deben aspirar todas las mujeres. Por renegar de ese mandato, en Twitter les dicen que son “malas madres”, “no les gustan los niños” o –una de mis favoritas- en vez de “laburar” prefieren “ser lesbianas y quemar iglesias”.

Así, el ideal de la maternidad proporciona una medida común para todas las mujeres que genera una imagen unitaria y totalizadora. Mientras, se niega la maternidad en relación a la dimensión del deseo.

El análisis del aspecto simbólico de fenómenos sociales implica entender la producción, circulación y transformación de sentidos como parte de un proyecto político que disputa el statu quo. Ya que el análisis de las producciones artístico-comunicacionales contempla que éstas vehiculizan valores, visiones de mundo y relaciones de poder: en breve, ideología. A final, pensamos en quedarnos con lo lindo y trabajamos para ver qué nuevas prácticas políticas se pueden rescatar del tetazo. Encontramos un término, tipologías del rechazo, son espacios conformados por aquellas prácticas “inapropiadas e inubicables” que escapan a la reproducción de las sociedades normalizadas. Por eso “decir que no, sostener la distancia, desmentir la resignación, son prácticas que configuran la vida vivida en autonomía y tal vez la clave de las marchas futuras de lo colectivo”.

El tetazo como hecho social, y los cuerpos que marcharon, al levantar esa “monstruosidad” (lesbiana, feminizada, puta, existente y resistente) por fuera de la norma y como bandera política, nos desafía a construir y reconstruir nuevas maneras de vivir el cuerpo, nuestros cuerpos.

Autoras de la tesis: Sofía Urbina, Antonela Vanini, Agustina Conci. Dirección: Paula Morales, Pilar Anastasía. Lectura disponible aquí.