El Marco
lunes 06 de agosto de 2018

La Educación Sexual Integral sigue siendo una utopía en las aulas

A más de diez años de la sanción de la ley ESI, especialistas sostienen que no se aplica en las escuelas de la zona.

Por Agustina Conci.

"No tenemos educación sexual ni tampoco se nos proveen métodos anticonceptivos, pero si nos quedamos embarazadas nos juzgan en las calles, nos echan de los colegios y se nos margina". La frase fue pronunciada por una joven de 16 años, Milagros Peñalba, en medio del debate por la legalización del aborto. La intención fue enlazar el debate con la escasa formación en educación sexual que reciben niños, niñas y adolescentes en las escuelas.

Con diferentes matices en relación a su aplicación, la Ley de Educación Sexual Integral ya cumplió 12 años. Además de la batalla por sus contenidos, algunos pasos para atrás desde 2015 a esta parte, dificultan su llegada: un relevamiento de Ctera informa que en 2015 se capacitaron 55 mil docentes. En cambio, en 2016 fueron sólo 200. En 2017 fueron 1.050 docentes quienes recibieron material y apoyo. Entre otros ajustes, en 2018 el programa cuenta con un 60% menos del presupuesto que tenía en 2015.

Entre la puja reciente por determinar qué proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se votará el miércoles 8, hay artículos que particularmente se introdujeron a pedido de diputadas y diputados para garantizar que la ESI se cumpla. Estos incluyen la creación de una Comisión Bicameral de Seguimiento de las Normativas sobre Salud Reproductiva y Educación Sexual que, entre otras funciones, recibirá denuncias de miembros de la comunidad educativa “sobre la falta u obstrucción de la aplicación” de esas leyes.

Las situaciones varían según los niveles educativos, escuelas laicas, confesionales o privadas. En general, los docentes observan que sus alumnxs demandan información: mucho más en medio de un debate que ya es histórico. Según un informe de la Fundación Huésped, frente a situaciones de embarazos en las instituciones lo que predomina es el debate entre los propios estudiantes (45%). Sólo un 39% menciona algún abordaje por parte de personal de la institución (docentes y preceptores) y un 38% indica directamente que no se habló del tema.

La encuesta es representativa de todas las provincias. Aunque es de 2017, y la marea verde vino para romper esquemas y tabúes de lo que debe o no hablarse en las aulas. Se desarmaron además lugares comunes: la educación sexual integral no es sólo biología y anatomía, aunque el 86% de los adolescentes dijo que así lo aprenden en clases.

Tres especialistas y capacitadoras de ESI en la zona, en distintos niveles, confirman a viva voz que la ley tiene poco o nulo trabajo. Hay resistencias e indiferencia, más de diez años después de su sanción. “Creo que hay desidia y una mirada muy moral o religiosa, más la falta de control estatal en su implementación, recordemos que esto es una ley obligatoria”, apunta Silvia Soria, docente de lengua y tallerista.

Silvia se capacitó en los cursos virtuales que propone la normativa. Desde allí impulsa el debate, que muchas veces traen los mismos alumnos. “Es importante y necesario trabajar esto para disipar formas de la violencia. Cuando hay discusión y transformaciones, la escuela tiene que estar preparada para incluir, receptar y trabajar con la diversidad, no sólo la diversidad sexual. Se trata de abrir el espacio para que aparezca la voz de los alumnos, libremente. Ellos quieren saber qué opinamos y por qué, no se pueden prohibir temas”, agrega.

Malena Arenzon es otra tallerista de ESI y trabajadora de la Universidad Popular de Colonia Caroya. Desde el año pasado capacitan docentes de casi todas las escuelas de la ciudad. “Es una ley que existe hace 12 años, y sin dudas no se está implementando, entonces tratamos de generar espacios de encuentro y formación, lo que permite romper la soledad que muchas veces tiene la tarea docente”, detalla.

Con una valija virtual de materiales, trabajan la ley desde todos sus ejes, a pesar de las dificultades en su aplicación real: “Muchos de los ejes no se profundizan. O se trabaja sin conocimiento, lo que genera miedo. Muchos profes le tienen miedo a la palabra sexual. O sólo vienen profes de biología o educación física, cuando también se puede trabajar el tema desde la historia, por ejemplo. Y es obligatorio en todas las asignaturas”, dice Malena.

Todas expresan que existe o vivieron alguna censura o tabú a la hora de hablar de esto en las escuelas. Aunque más que lo implícito, pesa lo explícito: a veces simplemente se promulga la diversidad, pero en las esteras de entrada a la escuela sólo aparece la familia mononuclear tradicional. O hablar de homosexualidad atrae a padres enojados. O las bibliotecas siguen llenas de princesas y príncipes.

Valeria Cargnelutti lleva años trabajando el tema en la primaria. Dice que el abordaje es integral, porque hablar de temas biológicos como la concepción tiene su contraparte sociocultural: adolescencia, autocuidado, embarazo no deseado. Y trae una anécdota: “Siempre que enseñamos sobre los genitales, vemos que en los libros aparecen los internos y externos en el varón, y solo internos en las mujeres. ¡No está la vulva! Es decir, en los manuales las mujeres sólo somos un útero, no tenemos clítoris. Yo se los hago dibujar. Todos los años esto trae complicaciones con los papás. ¡Pero es una parte del cuerpo! Y está conectada con el placer”.

Las profesionales coinciden en señalar que la idea de integralidad significa mirarnos como sujetos de derechos. “La ESI te obliga a pensar en la educación como un derecho. Quienes tenés al frente no son jóvenes sin nada en la cabeza: son ciudadanos”, analiza Silvia. “Hay un imaginario que resta, que piensa que hablar de ESI es enseñar a tener relaciones sexuales. No es así. La ley incluye cuadernos y talleres para compartir en familia”.

Aún así, entre las pálidas, rescatan sus buenas experiencias. “La formación tiene que pasar por el cuerpo. La ESI tiene que ver con nuestros modos de ser, y la posibilidad de estos espacios genera mayor libertad”, dice Malena. Valeria cierra: “Acompañé alumnos desde el amor, y con escasa teoría. Me gustaría tener más niños en mis grados que no tengan que esperar toda la escolaridad, para poder ser como quieran ser”.