El Marco
miércoles 19 de septiembre de 2018

La presencia de KWS catalizó la discusión por el ordenamiento territorial

La posible instalación de la multinacional reavivó el debate por los modelos agrícolas, la salud y el ambiente.

Por Leonardo Rossi

Lo que era un evento para presentar el proyecto de KWS en Tronco Pozo acabó por convertirse en un nuevo capítulo de la discusión por el ordenamiento territorial caroyense. La empresa realizó una exposición con varios de sus técnicos donde confirmó el anticipo que había realizado El Marco. Realizarán unos lotes de ensayo para maíces híbridos, contarán con oficinas y un laboratorio. Si bien en principio la actividad no modificaría lo que ya se realiza en esa zona, la presencia de una de las multinacionales semilleras más grandes del mundo en esos terrenos disparó la disputa por qué tipo de comunidad perfilará Colonia Caroya para sus próximas décadas. Aplicaciones con agroquímicos como problema sanitario, tipo de prácticas agrícolas y localización de zonas residenciales, industriales y agrarias fueron los tópicos que dominaron el encuentro. El municipio en voz de la secretaria de Gobierno, Paola Nanini, insistió en que por ahora la empresa “no tiene aprobación definitiva”.

Una excusa multinacional  

Federico Larrosa, agrónomo y responsable de marketing de la multinacional de origen alemán, repasó la modalidad de trabajo secundado por varios técnicos de la empresa. Eduardo Angulo, responsable de Ambiente municipal, remarcó que el proyecto se ajusta a las normas ambientales vigentes, y transfirió responsabilidades a Obras Públicas y Privadas para el caso en que la parte constructiva no esté en regla, algo que ya ocurrió al iniciarse los trabajos sin una autorización concluida.

Luego de la palabra empresarial, la vecina Sonia García dio un duro discurso que puso en el centro la discusión de fondo por el derecho a la salud y el ambiente sano. “Vivo en Tronzo Pozo y no me gustaría que haya más cáncer en niños, en adultos. Yo tuve una hija con cáncer y las fumigaciones nos matan acá, no importa la banda que usen (de toxicidad de plaguicidas), es un veneno y vuela. De eso no se habla. Yo voy a hablar porque lo he pasado. Hasta el día que me muera voy a luchar por eso. Me van a escuchar siempre.”

En esa tónica, el productor agroecológico Jorge Braccini recordó la Carta Orgánica municipal y sus lineamientos en torno a la predisposición a fomentar un ambiente sano, valoró los esfuerzos que se vienen realizando para avanzar en producciones agroecológicas y planteó que “en un radio de mil metros del proyecto hay justamente varios de esos emprendimientos, como el de Danilo Fantini, también la escuela de Chacra de Luna, un proyecto turístico como Rosel”. “Con los productores locales que son vecinos se puede discutir una transición, otros modelos, pero estas empresas multinacionales tienen otro objetivo único que es el lucro, y no la vida en la comunidad”, contrapuso a quienes refirieron que la actividad no cambia si la realiza un chacarero cualquiera o KWS. Además, Bracaccini remarcó que para este tipo de proyecto debiera realizarse una audiencia pública y una consulta popular.

Por último, el arquitecto y docente Alejandro Romanutti, quien ha intervenido en discusiones sobre la planificación de la ciudad, sintetizó el intenso debate que se generó entre vecinas y vecinos. “La presencia de KWS sirve de chivo expiatorio para discutir lo que se va postergando que es qué ordenamiento territorial queremos, y eso es algo que debemos decidir como comunidad”. La noche en el Club de Tronco Pozo dejó en evidencia que la publicación en un diario de tirada nacional sobre la instalación de una ‘productora de semillas’, como se dijo inicialmente, catalizó un postergado debate colectivo que una y otra vez tiene a la salud, el ambiente, y los modos de habitar el territorio como punto crítico. Más temprano que tarde, como dejó expreso Bracaccini “Colonia Caroya va a tender a producciones más limpias”. KWS refleja un sentido opuesto a ese anhelo.

En contexto

Los representantes de KWS apelaron al espíritu familiar que tiene la compañía, fundada por productores alemanes hace un siglo. Sin embargo muy lejos de eso la empresa es una de la diez semilleras más importantes del mundo (según informa el ETC Group). Asimismo este oligopolio global es parte central de un modelo agroalimentario que ha uniformizado la diversidad genética lograda a lo largo de miles de años de agricultura, y nada tienen que ver con la soberanía alimentaria ni el bienestar local de las comunidades. Como bien planteó la Relatoría de Derecho a la Alimentación de la ONU (2009) “se estima que aproximadamente el 75% de la diversidad genética vegetal se ha perdido a medida que los agricultores de todo el mundo han abandonado sus variedades locales en favor de variedades genéticamente uniformes”. El monocultivo de maíz que hoy domina buena parte de la provincia de Córdoba (2.300.000 hectáreas), y al que apunta KWS, nada tiene que ver con las miles de variedades de maíces americanos que han sabido alimentar a los pueblos. El maíz que hoy se cosecha en territorio cordobés puede acabar en biocombustibles, balanaceados para ganado en un lejano territorio o en ese 30 % de desperdicios de alimentos que también con insistencia ha enfatizado la ONU que es parte constitutiva del actual modelo de agronegocios. Es la cara opuesta de la agroecología orientada a alimentar a la población local, y a los territorios próximos, que su vez diversifica los cultivos disminuyendo la aparición de plagas y el consecuente uso creciente de plaguicidas.

Por último dos aspectos más a destacar sobre la propuesta de KWS. Por un lado, utilizarán atrazina, producto de amplia aplicación en Argentina, pero que está prohibido en el país de origen de la empresa (Alemania) desde hace años por su comprobada residualidad en aguas subterráneas y la afectación que produce a la salud. En Argentina ya se ha detectado este herbicida en agua de lluvia. Es decir, no harán lo mismo que en ese país como se sugirió en la exposición. Por otro lado, la supuesta armónica presencia de la empresa en Argentina no es tal ya que actualmente se cursa una causa por aplicaciones aéreas de agroquímicos de forma irregular en San Agustín, partido de Balcarce (Buenos Aires).