El Marco
jueves 25 de octubre de 2018

"La belleza de las plantas autóctonas ayuda a modificar los imaginarios de paisaje ideal"

Cecilia Eynard brindó una charla sobre plantas nativas ornamentales.

Por Nicolás Giacuzzi

"Nadie puede amar aquello que no conoce", reza un remanido adagio, el cual hoy, bien podríamos adaptar, a propósito del taller sobre plantas nativas ornamentales que brindó Cecilia Eynard en la Universidad Popular de Colonia Caroya; y decir que: muy difícilmente podamos embellecer con plantas autóctonas nuestros paisajes, nuestro hogar, si no las reconocemos, si no indagamos en sus potencialidades. En esa clave y en la necesidad de conectar emocionalmente con los espacios, giró la exposición de la bióloga y paisajista.

Un nutrido e inquieto grupo de vecinos escuchó a Eynard que en el comienzo de la exposición ofreció una noción de flora nativa y la diferenció de la exótica haciendo foco en los desequilibrios que producen las especies invasoras. La calidad de autóctona de una especie implica, entre otras cosas, que para su presencia y desarrollo, por causa de generaciones de adaptación al territorio, no sea necesario desplegar recursos y energía adicional para su mantenimiento.

Para Eynard las exóticas invasoras "generan problemas severos, especialmente en el sistema hídrico". "Las invasiones biológicas son un problema grave, no hay que plantar especies invasoras, y si las tenemos, hay que remplazarlas o no dejar que semillen", expresó. Un caso notable de este desequilibrio es la proliferación de siempreverdes en nuestra región.

Ese problema macro, también se refleja en nuestro pequeño espacio y es causa también de que tomemos como opción a la flora nativa para embellecer nuestro lugar. Las crisis hídricas reiteradas en nuestra región demostraron la capacidad de supervivencia de las especies autóctonas a diferencia de las exóticas.

La dimensión emotiva del paisaje

Uno de los conceptos que la bióloga desarrolló ante el auditorio fue el de `Planta nativa urbana´. Esta definición surge, no como un criterio clasificatorio, sino más bien una necesidad ante la tendencia de la cutura dominante que muestra un aumento del desarrollo de la vida humana en las ciudades. Las `exigencias´ hacia una planta en el contexto urbano son muy diferentes de las que pensamos en el ámbito rural o silvestre; por ello, Eynard remarcó la importancia de que cada persona se identifique con el jardín que desea, y desde ese punto diseñar con lo nativo. "El paisaje tiene que conectar con la emoción de la persona, hay que ver, cada uno, cual estética va con su persona y desde allí trabajar. Lo que no nos gusta o nos incomoda no va a funcionar", resaltó.

La disertación fue acompañada por varias imágenes de plantas nativas, con la salvedad de que la mayoría de las fotografías fueron tomadas en la ciudad. "Cuando difundo una imagen de una nativa siempre busco que salga algo urbano, una pared, una casa; y a la vez, quiero que guste, generar sensibilidad desde ahí, la conexión con lo autóctono siempre es emocional, de otro modo no funciona", expresó la paisajista.

El paisaje banal

Uno de los interrogantes que interpeló a la audiencia durante la exposición de Eynard surgió de la consulta sobre ¿cuáles son los ideales de paisaje que tenemos? Allí se pudieron ver imágenes de los típicos jardines de revistas de decoración en los que se hace notable la preponderancia de especies exóticas, las mismas que arraigan en nuestros imaginarios. La bióloga acudió al concepto de `paisaje banal´ para referirse a ellos. Se trata de un concepto que está en boga, "es una réplica del paisaje de revista, un clon que no representa el lugar en que es implantado, donde juega un rol muy importante el consumo", explicó, al tiempo que se preguntaba, a modo de ejemplo: ¿qué tienen que ver las palmeras con la geografía de Carlos Paz? Esos modelos se acompañan de una clara desvalorizaciónn de lo nativo.

Nativas y en todos los estratos

Muchas veces, cuando se habls de flora nativa nos remitimos solo a las especies más grandes, sin embargo, Córdoba posee alrrededor de 2400 especies de flora nativa de distintos estratos, desde las plantas herbáceas, pasando por los arbustos hasta los árboles. Esta diversidad permite ornamentar en todas las dimensiones del espacio, "si sólo hablamos de árboles, nos estamos olvidando de una gran parte de la diversidad de nativas", aclaró Eynard.

Desarrollar nuestras ornamentales

Paradógicamente, uno de los problemas a la hora de pensar un jardín con especies nativas es la dificultad para conseguirlas dentro del habitual mercado de plantas. Según Eynard, en los viveros que tienen mayor diversidad, la cantidad de especies autóctonas que se ofrecen no superan las 100, es por ello que la especialista sembró la inquietud en los asistentes de animarse a producir nuestras propias plantas, y a la vez, brindar un espacio para la formación de un hábitat para especies animales; siempre, creando un paisaje acorde a nuestra representación emocional.

Por último, Eynard mostró seis especies nativas para el jardín, enfocándose en la capacidad de adaptarse a la hora de conformar un cerco.

Pasionaria, una especie conocida por su fruto  y la posibilidad de servir para una infusión con propiedades calmantes.

Sen del campo, cuya característica es su aspecto de árbol pequeño


Sacha guasca, enrredadera nativa

Tumiñico, atrae muchos bichos, colibríes; es un dinamizador de vida

Duraznillo negro, rechazado muchas veces por su tóxicidad.Su flor es polinizada por mariposa de noche.

Tola-tola, reconocida por sus espinas