El Marco
domingo 25 de noviembre de 2018

Un día para repensar la violencia machista

Jesús María en el mapa de los femicidios. La cotidianidad local del acoso. Pequeñas batallas y victorias.

Por Agustina Conci

225 mujeres fueron asesinadas en el país desde el 1 de enero de 2018, según el último informe del registro de femicidios de la Casa del Encuentro. De ellas, 23 fueron asesinadas en la provincia de Córdoba. Y una en Jesús María: Wanda Navarro tenía 15 años. El 23 de agosto, caminó en dirección al colegio, como todas las mañanas, pero nunca llegó a la escuela ni regresó a su casa. El 25 de agosto, encontraron su cuerpo debajo de unas ramas en el barrio La Florida. El fiscal a cargo de la investigación determinó que fue femicidio y que Wanda sufrió abuso sexual. La adolescente es parte de la estadística que indica que el 60% de las víctimas conocía a su agresor. La causa aún no fue elevada a juicio.

A las 225 mujeres asesinadas en el país se suman los 29 femicidios vinculados de hombres y niños. Además, 250 hijas e hijos quedaron sin madre: siete de cada diez, son menores de edad. La mayoría de las víctimas (más del 60%) tenían entre 19 y 50 años; más de 15% era menor de 18: casi una niña asesinada, por semana.

Un día en el calendario, un rosario de violencias

El 25 de noviembre de 1960 fueron asesinadas las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, quienes se habían rebelado contra el régimen dictatorial de Rafael Trujillo en República Dominicana. En reconocimiento a la valentía de dichas mujeres y en la defensa de los Derechos Humanos, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó esta fecha como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

La Unesco informa que la violencia contra las mujeres y las niñas es una cuestión global, y no conoce fronteras sociales, económicas o nacionales. Afecta a mujeres de todas las edades, y puede tomar muchas formas, incluyendo violencia física, sexual y psicológica, al igual que abuso económico y explotación. Aquí presentamos algunos puntos relevantes en el contexto histórico que viven las mujeres argentinas: este año se les negó el derecho al Aborto seguro y gratuito, lo que se llevó las vidas de cuatro mujeres más, dice el informe de la Casa del Encuentro, basado en el relevamiento de medios nacional. Además, el contexto de las políticas de ajuste también se ve en los números: el 70% entre los más pobres del país son mujeres, y 70% entre los más ricos son varones. Este desbalance por género se repite en desempleo, informalidad e ingresos, explica la economista Candelaria Botto.

Y finalmente, las historias personales también reflejan las sutiles –y no tanto- violencias cotidianas que los cuerpos autopercibidos femeninos viven en su día a día.

Los acosos de siempre vs. las nuevas herramientas

Más allá de los escandalosos números de femicidios, el movimiento feminista reconoce el asesinato como forma extrema de una serie de violencias que marcan a las personas que se identifican como mujeres o mujeres trans, en toda su vida cotidiana.

Un sondeo del año 2016, realizada por el colectivo Ni una menos en todo el país, reveló que el 97% de las mujeres encuestadas sufrieron algún tipo de acoso en la vía pública. En el caso de las mujeres trans, el 72% dice haber sido violada. El 99% de las mujeres entrevistadas vivió, por lo menos, una situación de violencia con alguna de sus parejas.

Para esta nota, consultamos a mujeres y niñas de la zona cómo viven y enfrentan, el acoso nuestro de cada día. Hay denominadores comunes: miedo, enojo, ira. Pero también, hacia el final de los relatos, hay ganas de cambiar; aunque no sea tarea de ellas, si no de los acosadores.

“Veníamos caminando por la avenida San Martin […], empezamos a escuchar ruidos y silbidos, mandamos la ubicación, salimos corriendo y llegamos a la esquina llorando […]. Nos queremos libres, sin miedo”, publicó Micaela (15) en Instagram.

Florencia (27) cuenta cómo una vez, caminando por Colonia Caroya, un tipo pasó en bicicleta y la manoseó. “Me hundió la mano en el orto. Me quedé shokeada quieta y en silencio”. Hizo la denuncia: “me dijeron que sí, que había otras denuncias. Operaba en la misma zona. Todxs lo sabíamos, sin embargo, la policía nunca hizo nada”.

Agostina (25) recuerda: “iba caminando por la calle 47, y pasó uno en bici y me dio un apretón en la cola, me quede helada, no grité, nada, la verdad que no entendía, nunca lo conté porque en ese momento me dió mucha vergüenza. Pero a diario, salís a caminar y te gritan algo, yo casi no salgo, porque me enojo y tiendo a contestar o hacer señas”.

“Tener que planificar, casi tantear un camino seguro para que no me griten cosas sigue siendo algo cotidiano”, dice Sofía, y relata más escenas, que incluyen manoseo antes de entrar a su casa y un mal recuerdo que recién puede contar. Dice que la descarga es lo mejor de todo, que es una forma de sentirse contenida.

“Viajé en el colectivo con un ´señor’ –Daniela (26), enfatiza las comillas de señor- que te apoyaba el bulto deliberadamente. Como el colectivo iba bastante lleno, pasaba medio desapercibido. Unas chicas se levantaron y le comentaron al chófer, que no hizo nada”, relata Daniela (26). “Una noche, en Jesús María, un señor de por lo menos 50 años me siguió durante dos cuadras ofreciendo llevarme a mi casa y cuando le decía que no aceleraba dos metros y volvía a frenar y me volvía a preguntar”, cuenta Emi (23).

Gritos, toqueteos, o persecuciones se repiten en los distintos relatos, y las primeras memorias empiezan desde los 13 años. Pero también hay nuevas expresiones de trabajo en común: “Sufro el acoso callejero todos los días saliendo del local de trabajo. Hoy voy más alerta que nunca, trato de reaccionar y no bloquearme por el miedo, me siento más tranquila de andar por las calles sola, y es porque estamos cada vez más juntas las mujeres, y fuertes”, apunta Valentina (25).

Desarmar las prácticas de violencia incluye trabajo con el propio cuerpo, aprender del autocuidado, y la autodefensa –que no significa sólo devolver golpes. El sentido de propiedad que los varones desarrollan sobre los cuerpos femeninos se puede desarmar. Y es urgente porque estas microviolencias –algunas no tan pequeñas como pueden parecer- son cimientos de expresiones peores, que terminan con las vidas de muchas.

El ajuste es violento

Otra de las caras de la violencia hacia las mujeres, niñas y adolescentes se puede ver en los números del empleo, la distribución del ingreso y la brecha salarial.

“Se entiende por violencia económica a todas aquellas prácticas que impactan negativamente y afectan la subsistencia económica de una persona. Dentro del contexto de la violencia de género, este concepto suele estar acotado a varones que administran o ejercen un control sobre el ingreso de su pareja como herramienta para su manipulación y dominio. Sin embargo, es posible entender esta problemática de manera más amplia dado que la mayoría de las mujeres son víctimas de violencia económica, ya que todas participan de un sistema social y económico que no les permite tener las mismas oportunidades ni condiciones que sus pares varones, dejándolas en una situación de mayor vulnerabilidad”, explican desde el equipo de trabajo de Economía Femini(s)ta.

Y desmenuzan los datos del INDEC para el 2018: en nuestro país, las mujeres ganan en promedio 27,6% menos que sus pares varones y la brecha salarial se amplía al 39% cuando se trata de trabajadoras informales (que a su vez, son más de un tercio del total de las asalariadas). Las tasas de desempleo también son mayores para las mujeres, siendo las jóvenes menores a 29 años las más expuestas con una tasa cercana al 25% de desempleo cuando para la población general es de 9,3%.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre del 2018, las mujeres están más desocupadas y subocupadas que sus pares varones para los mismos deciles. Pero además, quienes están ocupadas no llegan a los puestos de poder, ganan menos o tienen doble jornada laboral, ya que son parte del 76% de la población femenina que realiza las tareas domésticas o del hogar, y además trabaja fuera de la casa, apunta la economista Natsumi S. Shokida.

El recorte presupuestario afecta la llegada activa de políticas públicas de prevención, sanción y erradicación de la violencia de género, y recaen de forma asimétrica en la distribución de ingresos para una vida digna.

Desarmandonós

Educar para transformar, cuestionar para debatir los roles de cada persona. Así lo entienden desde Vivas nos queremos, una asociación que trabaja en la zona, para problematizar las desigualdades de género y concientizar sobre la(s) violencia(s).

Talleres en escuelas, reuniones para debatir-se, y talleres sobre violencia en el noviazgo, son algunas de las propuestas. Este domingo además, invitan a una obra de teatro en la Casa de la Historia en Colonia Caroya, entre otras actividades que habrá en la zona.

“No somos naturalmente violentos, es una construcción social y cultural lo que nos hace reproducirlo”, apunta Yazmin Meza, de VVNQ. Dice que la idea “es revisar los discursos y prácticas que tenemos, tanto mujeres como varones, para poder cuestionarlas”.

“Buscamos deconstruir el conocimiento en conjunto y trabajarlo desde la educación popular. Lo que hay que cambiar es lo cultural y lo social. En los talleres trabajamos cómo nos vamos construyendo varones y mujeres en sociedad. Hablamos de las actitudes y palabras que vamos desnaturalizando, que son machistas y son propias de nuestra forma de hacer”, cuenta Yazmin sobre los talleres.

Se nota que los más jóvenes están preocupados por los celos en el noviazgo adolescente. También encuentran apoyo en la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) para desarrollar e indagar sobre género, y sexualidades.

El objetivo de este día no solo es llamar la atención sobre la desigualdad, la discriminación y las distintas formas de violencia machista, sino también reclamar la implementación de políticas públicas para prevenir y erradicar esta problemática. Si sos víctima o conocés a alguien que sufra violencia de género llamá al 144 las 24 horas, o acércate al Polo Integral de la Mujer en Situación de Violencia (Entre Ríos 680 esq. Bv. Perón, Ciudad de Córdoba). En Jesús María: 03525-443720 (DINAF).