El Marco
sábado 15 de diciembre de 2018

Científicas de Conicet relevaron deficiencias en la prevención de la violencia de género

Fue un estudio en Colonia Caroya, Jesús María y Sinsacate. Se trabajó junto a organizaciones locales.

Por Agustina Conci

La mayoría de los profesionales de salud desconoce qué es la violencia de género. Es a grandes rasgos la conclusión general que se obtuvo del estudio de Conicet para Jesús María, Colonia Caroya y Sinsacate. Participaron de la muestra representativa 40 profesionales de atención primaria, incluyendo el hospital Regional Vicente Agüero.

El proceso contó con la colaboración de las organizaciones locales Vivas nos queremos y Sí mujer, además de profesionales de los municipios y científicas del organismo nacional. Al final, hubo talleres de capacitación para revertir algunos puntos de conflicto.

La coordinadora del proyecto, Lorena Saletti Cuesta explicó a El Marco algunos puntos del trabajo: “fue un proyecto investigación-acción, es decir, se trabaja con la comunidad para identificar cierto problema, proponer soluciones y hacer una acción. La idea es devolver un resultado a la comunidad, para que pueda aplicarse a políticas sanitarias”.

Preguntas difíciles

Cómo definirías violencia de género, qué dificultades observás para abordarla, y qué herramientas existen, fueron algunos de los puntos indagados. ¿Qué observaron en los resultados? Saletti Cuesta se explaya:

-No hay números, pero podemos decir cuáles son las representaciones que hay, los discursos sociales que vemos dentro del sector salud para abordar este tema. La gran pregunta fue cómo definir la violencia de genero. Ahí vimos que había tres grandes opiniones: la primera, es vincularlos a cuestiones personales: dicen que es un tema de salud mental, o es algo de la historia de esa persona o sólo de la familia, explicaciones que tienen que ver con lo individual. Otro tipo de respuesta lo ubicó como algo inespecífico: hay violencia en todos lados, es el estrés, o es algo mediático de ahora, que a todo el mundo le pasa. La gran mayor parte del personal sanitario tiene esa idea de la violencia de género. Luego hubo dos o tres casos que sí tenía noción de que la violencia de este tipo tiene que ver con el género y con desigualdades estructurales. Por eso tuvimos que explicarlo en los talleres.

Los talleres se dieron en el mes de diciembre. A pesar de las grandes resistencias que aparecieron a la hora de capacitar, las investigadoras rescatan el desafío que significa comunicar fallas o malas prácticas entre el personal. A veces también juega la precarización laboral, o la falta de recursos: no hay protocolos de acción en ninguna dependencia de la zona.

El Marco- ¿Qué significa que la violencia de género debe ser un tema de salud pública?

-Significa que esto es un tema de gran prevalencia, es decir, muchas mujeres pasan por esto, y tiene graves problemas sobre la salud, en el corto, mediano y largo plazo. Por esos dos motivos

ya es un tema de salud pública. Es una cuestión frecuente como la diabetes, digamos. Es un problema social y de salud pública y lo dice la Organización Mundial de la Salud. Lo que se busca al plantearlo desde esta mirada, es que se involucre el sector salud como un sector más de toda la sociedad, para detectar tempranamente.

Para Saletti Cuesta, es fundamental que la situación de guardia médica esté al tanto de que muchas mujeres viven estas situaciones, y estar atentos, no sólo a las marcas de la violencia física. “Debemos generar estrategias para que las mujeres puedan ponerle palabras a las cosas que pasan. Para eso se necesita personal capacitado para preguntar. Si un hospital, en un mal momento como ese no te abre esa puerta, ¿quién te la va abrir?”, se pregunta.

Imagen de uno de los talleres de capacitación coordinados por Saletti Cuesta 

Equipo amplio

Natalia Funk, Anahí Rodriguez, Agostina Ferioli, Eli Viel, María Victoria Baudín, Paola Romero, Ana Claudia Gonzales y Fany Martinez fueron parte del nutrido equipo colaborador. La confluencia de organizaciones civiles, municipales y profesionales independientes hizo de este trabajo un puntapié para seguir indagando sobre el problema.

Saletti Cuesta, por su parte, es científica repatriada desde 2014, y trabajó en España. Cuando regresó recuperó el tema en la zona: “quería ver qué pasaba con las prácticas médicas, y representaciones profesionales. Es una situación compleja en cuanto atención sanitaria, porque aquí esta descentralizado, no hay un sistema de atención universal: evaluamos tres localidades, y cada una hace cosas distintas”.

En Europa trabajó con representaciones de género en el sistema de salud, para relevar los efectos del llamado Techo de Cristal, entre otros temas. “Creo que lo más importante para revertir esto es decisiones políticas para fortalecer la mirada biopsicosocial, en atención comunitaria, sobre todo en atención primaria. Hay una mirada solo asistencialista y tal vez deberíamos volver a la prevención, promoción de la salud, y poder abrir un poco más el tema”, cierra.