El Marco
miércoles 23 de enero de 2019

A 45 años de una masacre: Los cinco cooperativistas que nunca llegaron a Caroya

Viajaban desde Armstrong a conocer el Supermercado de La Caroyense.

El 23 de enero de 1974 cinco cooperativistas santafesinos emprendieron un viaje hacia Colonia Caroya para conocer de primera mano la experiencia del supermercado La Caroyense. En ese trayecto, en medio de una extraña y azarosa situación, la muerte los encontró en el kilómetro 674 de la ruta 9, cerca de Laguna Larga. La masacre perpetrada por integrantes del Comando radioeléctrico de la Policía de Córdoba tenía como objetivo otras víctimas. Los crímenes intentaron ser encubiertos por los uniformados y aún permanecen impunes. Para muchos, este hecho fue la antesala del derrocamiento del entonces gobernador provincial, Ricardo Obregón Cano; a la postre, depuesto un mes después por el jefe de policía de la Provincia en lo que se conoció como el "Navarrazo".

Los testimonios coinciden en que la tragedia conmocionó también a Colonia Caroya. En La Cooperativa La Caroyense, esperaban a los cinco entusiastas emprendedores que querían replicar en Armstrong la experiencia de un supermercado dependiente de una Cooperativa Agrícola. En Caroya, hacía poco más de un año se habían inaugurado las instalaciones del moderno centro comercial. Las memorias, del entonces intendente caroyense e histórico referente del cooperativismo local Valentín Braida, mencionan el hecho y refieren la angustia vivida entonces. El 24 de febrero de 1974, al día siguiente de la masacre, Braida escribió que junto a otros dirigentes de la ciudad hablaron de la "desgracia de Mantorfano y los cuatro funcionarios de la Cooperativa de Armstrong". 

Los Hechos

Odorico Montorfano, inspector de cooperativas oriundo de Rosario; junto a Víctor Cantoia, Aldo Alberto Viotto, Héctor Roberto Blanch y Ernesto Pascucci, todos habitantes de Armstrong que desempeñaban actividades en la Cooperativa Agrícola Ganadera de Armstrong Ltda. viajaban con dirección a Colonia Caroya en un Ford Falcon color borravino. Mientras tanto, cinco agentes de la policía federal, Juan Carlos Naranjo, Néstor Velázquez, Eduardo Domingo Moreno, Rómulo Cirilo Cabral y Ramón Salguero, regresaban hacia Córdoba luego de realizar una serie de allanamientos en el sur provincial. Un detalle no menor a la hora del desenlace es que los federales se conducían en un automóvil idéntico al de los cooperativistas.

Aquel día, el grupo de federales se detuvo en una parrilla para almorzar. Precavidos, colocaron en el baúl el armamento que llevavban para no generar suspicacia en las personas del lugar. Ese hecho fue advertido por un vecino que dio aviso a la policía de Laguna Larga. Luego, una comisión de la policía de Córdoba los interceptó y verificó su documentación.

En este punto, la historia muestra dos posibles interpretaciones. O bien los policías locales no creyeron el relato de los federales y pensaron que se trataba de delincuentes (conjetura difícil de asimilar teniendo en cuenta que dejaron ir a los sospechosos); o desde otro punto de vista, la situación daba la excusa perfecta para cobrarse, como fuerza, algunas "deudas" que la Policía de Córdoba le reclamaba a la Federal, y de paso, generar un hecho con graves repercusiones políticas en medio de un proceso que buscaba debilitar a Obregón Cano, legítimo gobernador.

En definitiva, ese episodio desembocó en un operativo de la policía cordobesa que bloqueó la ruta nacional 9, donde poco después ocurrió la tragedia. El parte policial dijo: “Siendo las 14.45. se conoció que por la ruta 9, a la altura de Laguna Larga, pasó un automóvil rojo con cinco personas a bordo. Inmediatamente y por resultar los ocupantes del mismo sumamente sospechosos y al parecer armados, el Comando Radioeléctrico destacó a lo largo de la ruta referida cuatro móviles”. Según el reporte, el auto viajaba a 150 kilómetros por hora, y el conductor desobedeció la orden de detención. Además, refiere que los ocupantes abrieron fuego contra el retén policial, entre otras mentiras. Por último, el texto oficial indicaba que se habían secuestrado dos pistolas calibre 11.25, tres revólveres calibre 38, proyectiles y vainas servidas, así como una carabina calibre 22, y tres detonadores de explosivos.

Los cooperativistas, que increíblemente también habían almorzado en la misma parrilla que los federales, pasando Laguna Larga fueron interceptados por un móvil policial que comenzó a perseguirlos. El Falcon de los mutualistas sobrepasó a un camión y fue alcanzado por el móvil policial 334 del Comando Radioeléctrico. Allí comenzaron los primeros disparos provenientes de la banquina norte donde había efectivos apostados en el suelo. Luego sucedió una balacera efectuada por los ocupantes del móvil 334. Tras la ráfaga, se oyó que desde el auto gritaban “no tiren, no tiren” y los nombres y ocupaciones de los pasajeros. Esto no importó a los policías, que avanzaron hacia el auto disparando y introduciendo las armas dentro del habitáculo para rematar a los ocupantes sobrevivientes.

La policía de Córdoba, hizo todo lo posible por ocultar la verdad en este hecho. La impunidad cubrió el proceso judicial que investigó la masacre y le costó tanto al juez de instrucción, Carlos Hairabedian, como a los testigos y peritos, amenazas y exilio. Ningún policía fue preso por este hecho.

Hoy la comunidad de Armstrong sigue reclamando justicia y que se defina a este crimen como de lesa humanidad por la intervención preponderante de una fuerza del Estado, tanto en la masacre, como en lograr la impunidad de los victimarios.

El trailer del documental sobre el suceso de los cooperativistas