El Marco
viernes 01 de marzo de 2019

La Escuela Niño Jesús se proyecta “entre la tierra y el arte”

Las docentes sostienen a una comunidad educativa donde importa más el camino que llegar. Pintar las aulas, brindar talleres de ESI y danza, o usar el arte como motor, algunos de los desafíos.

El Instituto Especial Niño Jesús tiene 64 inscriptos este año. Van de los 6 a los 20 años, y asisten a los turnos de primaria y secundaria. Son 21 docentes lo que facilitan esta tarea.

Funciona igual que cualquier otra escuela, en palabras de su directora, Fanny Dalla Costa. Y aún así, tiene una historia diferente a las demás escuelas de la zona. Hoy está a la espera de ser aceptada como institución-escuela pública por la provincia. Eso le permitirá afrontar gastos básicos que sorprendentemente no tienen fondos fijos: gas, agua y luz.

Mientras los papeles se firman o se escriben o se sellan, la vida de la escuela continúa: este año las maestras pintaron las aulas, y preparan un proyecto anual “Entre la tierra y el arte”.

 

 

Horas extra

“A la escuela especial vienen chicos de nivel primario y secundario donde ofrecemos espacios de alfabetización, pero también de talleres, donde los alumnos pueden desplegar actividades que tienen que ver con el arte, con la ciencia, con lo laboral, trabajamos con los padres, establecemos redes con otros equipos. Eso es más importante que nuestras carencias”, resume la directora.

Mientras habla, un grupo de docentes prepara la pintura que pagaron de su bolsillo, para poner en condiciones las aulas. Es una decisión como comunidad educativa que sostiene y sostuvo la escuela desde siempre y el inicio de clases 2019 no será la excepción.

Acondicionando aulas para el ciclo 2019 (El marco)

“Que un grupo de docentes está pintando la escuela, va más allá de si somos privados o públicos. Lo vamos a seguir haciendo, hoy es pintar la escuela, mañana es cortar el pasto. La provincia no nos va a pintar la escuela, va más allá de eso (…) Pero como toda institución, tenemos que resolver el día a día, eso pasa en todas las escuelas públicas. Hay una cooperadora, y un grupo de docentes que decide, como actores de un colectivo, sostener la escuela más allá de la realidad oficial, o privada. Son decisiones personales que hacen que esto siga sucediendo”, grafica Dalla Costa.

 

Talleres y algo más

Los y las docentes entienden que los proyectos de formación deben saber leer un contexto sociopolítico complejo. “Los alumnos plantean temas sensibles, y nosotros estamos enseñando sustantivos y verbos. Pero el chico ayer salió a robar. Qué le importan los verbos. No podemos no tener en cuenta la realidad institucional, educativa, sociopolítica”, explica el cuerpo docente.

Por eso se apoyan en herramientas como el arte, o la Ley de Educación Sexual Integral. Hay talleres de danza, huerta, forestación y alimentación. Hay procesos para acompañar el cuidado personal, y hasta publicaciones con noticias de la escuela, gestionado por alumnos y alumnas.

El trabajo se completa con un taller bautizado Zona Roja: ahí hay libertad para exponer los temas difíciles, a voluntad. Al principio los alumnos lo tomaron como un castigo, pero después quedó clara la necesidad de trabajar sobre esos esos miedos y problemas. “Planteaban temas complejos que pasan en cualquier secundaria: fotografías a otros sin consentimiento, noviazgos, drogas, delito. Es un proceso en el que los chicos se enganchan o se van. A veces los adultos somos más complicados que los alumnos”, comenta la directora.

Este año, todo girará “entre la tierra y el arte”: es el nombre del proyecto para 2019. “No es solamente plantar lechuga sino ver qué hacemos con eso. Si hacemos una comida comunitaria, si la llevamos a casa. No es solamente carpir la tierra. O el arte pintar un cuadro: las dos cosas están relacionadas. Es un arte trabajar la tierra y hacer una obra también es beneficiar a la tierra con mi arte. Es un trabajo holístico, tiene que ver con todo y con todos”, explica Dalla Costa.

 

Siempre en movimiento

La escuela integra la comisión Nelly Hansen que propuso la municipalidad para gestionar los recursos de los Carnavales Caroyenses. Además participa de varios eventos anuales que implican cocinar, atender puestos o vender entradas. Allí nuevamente asisten docentes y padres.

(Elmarco)

Esta es una escuela que no sale a perseguir a nadie que no pueda o no quiera pagar su cuota mensual de doscientos pesos. Es decir, una escuela que no ignora la realidad de padres, alumnos y familias. “Los proyectos apuntan hacia una mirada de los alumnos según las necesidades reales de estos tiempos, en comunicación con la familia, con la políticas educativas y sobretodo respondiendo a realidad, porque si no la escuela se queda en el tiempo”, agrega Dalla Costa.

Las aulas renovadas son dos, de blanco, pero las maestras dicen que pronto harán un lindo cartel de bienvenida. Los bancos descansan esperando a sus ocupantes. La canchita está a la espera de que traigan la pelota, y suena el timbre.