El Marco
viernes 12 de abril de 2019

Hierbas medicinales: el Cachiyuyo y la Calanchina antes de la Ruda

La Ruda llegó con las costumbres de Europa, pero antaño en la zona se utilizaban otras plantas muy parecidas, y con propiedades mágicas similares, según nos cuenta Relatos del Viento.

La llegada de las costumbres europeas a este continente no sólo trajo la cruz y la espada. Arrastró rituales mágicos pertenecientes a una cultura subalterna y milenaria, considerada pagana por el poder católico.

La Ruda es un arbusto famoso por sus propiedades curativas y las supersticiones que la rodean. Es originaria de la región del Mediterráneo, Macronesia y el suroeste de Asia. Estamos muy acostumbrado a su presencia en la medicina tradicional, y en prácticas mágicas en sectores populares de América, que cuesta asimilar que su procedencia sea euroasiática. “Pero antes que fuese introducida; ¿qué usaban nuestros ancestros en lugar de la ruda?”, se pregunta Pablo Rosalía, de Relatos del Viento.

Con esa pregunta, deshilvana una historia entre la ruda y sus variantes nativas: El Cachiyuyo y la Calanchina. Aunque todas tienen cosas en común: “Toda la humanidad -mucho antes de las colonizaciones masivas- comparte un sustrato cultural cuya conglomeración y difusión se pierde en la noche de los tiempos”. Para recuperar la raíz de la herencia local, en Relatos del Viento, siempre que se da un caso de “sustición” como con la ruda, osan preguntarse ¿qué se usó antes de?

 

El Cachiyuyo: yerba del diablo o yuyito de la sal

En el Paraje Las Acacias, dicen que “era la antigua hierba utilizada para la magia. La ruda y el cachiyuyo sirven de contra para la brujería, llevando consigo un gajito en el bolsillo, por ejemplo”.

Al igual que la ruda, el Cachiyuyo se sigue utilizando como amuleto para evitar daños por brujería. Con el paso del tiempo, la ruda fue desplazando a la hierba nativa, pero en los recuerdos aparecen juntas.

La magia se da todavía en las zonas donde crece el Cachicyuyo: Córdoba y Santiago del Estero.

De la zona de Jesús María llega este relato: “Tres retoños tiernos de ruda macho y tres de cachiyuyo, guardados en un saquito, junto con una imagen (santa) constituyen un amuleto contra brujas y maleficios”.

No por nada lleva el nombre de Yerba del Diablo: “Por completar en ciertos casos los efectos del gualicho y en otro caso, eliminarlos, sahumando a las personas y efectos personales de los que sufren los efectos del mismo. Es un complemento infaltable en el sahumerio criollo. Parte empleada: las hojas”, explica al respecto Domingo Saggese en su obra Yerbas Medicinales Argentinas (1928).

La ruda y el Cachiyuyo aparecen como inseparables en los relatos, y algunos no sólo hablan del amuleto, sino de plantar estos arbustos en el hogar como forma de protección. La ruda prácticamente ha monopolizado esa función en la actualidad.

 

La Calanchina

En otros relatos, sin embargo, aparece una tercera hierba, junto a la Ruda y el Cachiyuyo: la Calanchina.

 “Ha llamado nuestra atención es la mención de la Calanchina. Esa referencia –única para la provincia de Córdoba- nos ha llevado a una intensa búsqueda para intentar identificar la especie correcta. El problema se plantea por la casi nula bibliografía hallada a partir de ese término”, detalla Rosalía. Campesinos y campesinas tampoco pueden recuperar de su memoria los usos de la hierba.

Con la ayuda de Ezequiel Agüero, autor de Plantas Medicinales Silvestres del Centro de Argentina, pudieron rastrear la lista de aquellas hierbas que “sonaban” parecido a Calanchina. Hasta que dieron con el Calajchin o Calauchin (Petiveria alliacea) originaria de Chaco. Ésta comparte la cualidad de ser muy olorosa, algo necesario en la magia de repeler los daños, ya que olorosa puede significar poderosa.

“La sorpresa se consolida cuando descubrimos que desde una de las denominaciones más populares de la Petiveria alliacea, existe una dilatadísima bibliografía sobre sus múltiples propiedades entre ellas, como repelente de daños por brujería. Se trata ni más ni menos que de la famosa Amanú, cuya relevancia tiene alcance mundial”, comentan los autores.

 Una descripción de 1981 señala que el Amanú se cultiva como planta de la suerte en los patios de Corrientes “sirviendo para preservar la casa contra las hechicerías”.

En 1928, el libro “Contribuciones a la materia médica argentina” apunta que el Amanú está en la “larga lista de plantas curativas o preservativas del daño («gualicho») y de las artes de hechicería…”. Y desde Cuba, hay datos que indican que “la planta se ha utilizado desde los tiempos remotos con fines medicinales y ritos mágico religiosos…”.

No se descarta entonces que el Amanú haya arribado a las latitudes cordobesas, y que se haya dado fácil su cultivo en las casas.

 

¿Quién reconoce al Amanú?

Después de seguir las pistas que los relatos van esparciendo –casi nunca ordenados, casi siempre enigmáticos- se pregunta el autor sobre la Calanchina: “¿ha formado parte del herbario de nuestras yuyeras, curanderas, hechiceros y brujos del actual territorio cordobés? Y por último; ¿ha ocupado la estimada e introducida Ruda, el otrora protagonismo de la mágica Petiveria alliacea?”

Bueno, para Relatos del Viento la respuesta no debe estar muy lejos. Sólo hay que mirar en nuestros patios, afilar la memoria o preguntarle a nuestras abuelas…

 

 

Sobre Relatos del Viento y este artículo

Relatos del Viento es una Asociación Civil y Cultural sin fines de lucro cuyo máximo objetivo es aportar al fortalecimiento de las identidades regionales campesinas y populares. El camino elegido para tal fin es la revalorización de sus Tradiciones Orales (saberes, sabidurías, relatos y creencias ancestrales).

La información de esta nota pertenece al artículo “El Cachiyuyo y la Calanchina antes de la Ruda: mágicas y poderosas del antiguo herbolario cordobés, de Pablo Rosalía (2019), Asociación Cultural Relatos del Viento. Córdoba, Argentina.