El Marco
lunes 04 de noviembre de 2019

Rosa Chávez: “Moler despacio el piquillín para que el arrope salga bueno”

Nueva entrega del Programa de Salvaguarda de la Memoria Ancestral Comunitaria de Jesús María.

Por Pablo Rosalía y Patricia Rionda

En el marco del Programa de Salvaguarda de la Memoria Ancestral Comunitaria que lleva adelante la Asociación Cultural Relatos del Viento junto al Municipio de Jesús María les compartimos un nuevo video y artículo. Esta vez, una pequeña muestra de lo conversado con Rosa Chávez (103) vecina de Jesús María, criada y nacida en Puesto de Castro, hoy Sebastián ElCano (dpto. Río Seco)

En 1916 se funda en Buenos Aires la Confederación Sudamericana de Fútbol y la cordillera de los Andes es cruzada por primera vez por aire y en globo. Para la Reforma Universitaria quedaban dos años y uno más para el nacimiento de Evita. La 1º Guerra Mundial desangraba a Europa y la Revolución Mexicana soñaba a lo grande derrotando tropas de Estados Unidos. La ciudad de Córdoba apenas si era un Pueblo Grande y a Jesús María se le contaban las cuadras con los dedos de las manos. Y en un caserío del Norte Cordobés llamado Puesto de Castro -renombrado décadas después como Sebastián Elcano- chilló fuerte la Rosa cuando la partera la tironeo pa’ fuera. Rosa Chávez, sí sí, la misma que con 103 años hoy nos recomienda que Al piquillín hay que molerlo despacio para no romper la semilla y de esa manera, lograr un buen arrope.

A Rosa la conocimos en el Geriátrico El Paraíso, frontera entre Colonia Caroya y Jesús María. Llegamos invitados por María Isabel, su directora. Minutos antes del primer encuentro salíamos de la habitación de Regina Flores: pastorcita de cabras y ovejas de una lejana Jesús María. Con sus 109 años, arropó sus manos a las nuestras y desde allí habló.  Aun emocionados y agradecidos a la vida por ese obsequio, nos invitaron a sentarnos en el salón. Al frente nuestro, en absoluta paz y con tibia sonrisa estaba una persona que, exagerando, le calculábamos 80 años. Nos preguntamos entonces dónde estaría Rosa Chávez. Cuando advirtieron nuestro desconcierto, un susurro vino a salvarnos: Ella es Rosa, Rosa Chávez. Efectivamente: el Sol había vuelto 103 veces sobre esta maravillosa mujer.

En esa primer visita nos presentamos, le contamos lo que hacíamos y le propusimos juntarnos la próxima semana a charlar tranquilos sobre “las cosas de antes” En esta actividad, no todos los días se tiene el privilegio de hablar con una persona que ha pasado los cien….¡100! ¡Tres velitas en la torta de cumpleaños! Así que imaginen nuestros nervios y ansiedad por escuchar y aprender de esta mujer. Llegado el día Rosa nos esperaba muy pituca, acompañada por un hijo, una hija y una bisnieta a quien le brillaban los ojos de orgullo por su nona-grande. Rosa aceptó los mates, le abrió una puerta al tiempo y nos invitó a dar un paseo. Antes de cruzar el portal se detuvo en el dintel y adhirió al justo reclamo de todo adulto mayor; Ellos (los jóvenes) dicen que nosotros no sabemos nada… ¡Ellos no saben nada! ¡Bien ahí Rosa! ¡Sablazo a la estúpida modernidad que desvaloriza a los portadores de saberes, sabidurías y experiencias de vida!

La puerta nos dejó a mediados de 1930, en un Puesto de Castro embutido por un monte vigoroso pero amenazado por los obrajes. Allí nos presentó a Doña Jacinta, su madre que la esperaba para trabajar las algarrobas cosechadas; Con la blanca hacíamos añapa. Se molía la algarroba en un mortero, se le echaba agua y luego había que ponerla a enfriar, que quede fresca. Y con la negra hacíamos jalea. ¡Eso eran cosas ricas! Estimulados los jugos gástricos, reparó en los bifes de carne tendidos en unos alambres; Nosotros hacíamos secar la carne afuera, al sol y se hacía charqui. Lo hacíamos secar para molerlo y comer. Comer charqui molido con ankua de maíz.  Mientras doña Jacinta -su madre- limpiaba el horno con la escoba de pichanilla para luego meter pan y tortilla, Rosa contó que la vecina con una tira larga le medía la pancita al chico, iba marcando así y así y de esa manera curaba el empacho.

El bochorno de Enero hervía las savias y como la lluvia ese año estaba esquiva, Rosa (la chinita en esos años) nos explicó el método para hacer llover; Se ponía el sapo boca arriba, para que llueva… ¡Y llovía! Llamador de lluvia desde tiempos inmemoriales, el pobre sapo yacía estacado boca arriba en el fondo de un rancho vecino.

Cuando ya nos entusiasmaba la idea de quedarnos en aquellas épocas, los recuerdos de Rosa se fueron pausando y la puerta se abrió ante nosotros. El tiempo ‘el ñaupa nos invitaba a retirarnos, al menos por esta vez. De semejante viaje siempre se vuelve agotado. La familia de Rosa ya lo sabe, por eso la recibieron con mimos y abrazos.

 

Para el dolor de muela: se curaba con el sapo, se lo ponía en la zona dolorida y se hacían tres cruces. También se cortaba un pedazo de penca de tuna, para calmar, para ponérselo en la boca, para sanar.

Para aprender a caminar: se le ponía a los chicos la grasa de iguana en las canillitas.

Tigre (yaguareté) y Oso Hormiguero: Yo llegué a conocer a esos animales, antes había por ahí.

Pichana: con el yuyo pichanilla se armaban escobas para barrer el patio y para limpiar el horno también.

 

Nombre: Rosa Chávez

Nacida y criada en: Nacida y criada en Puesto de Castro (hoy Sebastián ElCano) vecina de Jesús María desde 1935.

Edad: 103 años

 

Mirá el video de Rosa

 

Programa de Salvaguarda de la Memoria Ancestral Comunitaria

Coordinan: Asociación Cultural Relatos del Viento y la Municipalidad de Jesús María