El Marco
martes 02 de agosto de 2016

Carta a las autoridades

Por Rafael Di Marco*

Carta abierta a las autoridades nacionales, provinciales, y municipales con motivo de la falta de un plan maestro para afrontar la reparación de los desastres que dejaron las inundaciones 2015

No tengo claro cómo empezar esta nueva carta desde aquella que escribí el 10 de marzo de 2015. En aquel entonces, habían pasado menos de 20 días desde la muerte de mi hija y no sabía de dónde iba a sacar fuerzas para seguir adelante. Pero había algo que sí sabía: no quería que nadie más pase lo que habíamos pasado nosotros como familia. No quería ni una víctima más.

Por eso, me puse a investigar, a preguntar a los que más saben, porque quería entender, quería saber si la muerte de Marianita se podría haber evitado, si había sido la furia incontenible de la naturaleza la que nos había atacado a traición o si habíamos sido los hombres los que no estuvimos atentos a las señales. Lo que descubrí investigando eso, les juro, fue muy doloroso.

Recuerdo ahora que el exgobernador José Manuel de la Sota, en su despacho, me dijo: “Esto fue un tsunami, una tormenta que se armó en 5 minutos”. Y yo le creí porque era el gobernador y se suponía que tenía acceso a información más rigurosa que la que tenía yo que era que era un simple papá que había pasado lo peor que le puede pasar en la vida.

Pero, después de investigar y preguntar, conseguí las imágenes de esa tormenta, la del 15 de febrero de 2015, y supe que se formó en la provincia de la Pampa 12 horas antes y que se asentó en Córdoba a las 20 del 14 de febrero. Supe que el famoso tsunami no fue más que una lluvia muy fuerte (históricamente, una de la peores que tuvimos). Y también supe que mucho de lo que pasó se podría haber evitado. ¿Cómo?

Si en ese entonces la Provincia hubiese trabajado en prevención, si hubiese tenido un Meteorólogo, si hubiese tenido una DEFENSA CIVIL funcionando correctamente, si hubiese fomentado Defensas Civiles Zonales, si hubiese tenido gente capacitada y si hubiese dicho la verdad. Entonces, sí, se hubiese podido evitar.

Lo más triste es pensar que esta carta abierta tal vez no la estaría escribiendo porque si todo eso hubiese funcionado, mi hija se habría enterado que se avecinaba tormenta fuerte y no hubiese ido a acampar. A esta hora, estaríamos tomando unos mates o viendo una película, o estaríamos en silencio, pero juntos.

También supe, al poco tiempo, que el gobierno de Córdoba Provincia contaba con 37 estaciones Alert (las que sirven para alertas tempranas) que no funcionaron el 15 de febrero de 2015. ¿Por qué? Porque Defensa Civil, que depende del gobierno de Córdoba, no había pagado el mantenimiento anual de esas estaciones. Les juro que no encuentro palabras para nombrar eso. ¿Desidia? ¿Abandono de personas? ¿No me importan nada las vidas de mis comprovincianos?
Y como si lo del 15 de febrero de 2015 no hubiese sido suficiente, tuvimos una segunda creciente el 3 de marzo de 2015. Ahí, se cayeron casas y las veíamos caer como si fuesen papelitos.

Yo no quería que nadie más pase esa locura de estar buscando a su hija durante 5 días. No quería otros padres que enloquecieran de dolor.
Todavía no me explico como hice para coordinar en ese momento a las 300 personas que nos ayudaban en la búsqueda, para darles aliento a los rescatistas, para hacer la logística de las raciones de comida, para exigir al director de Defensa Civil que trajera equipos de comunicación, para hablar con el gobernador para que habilitara puentes y que llegaran más personas a la búsqueda de Mariana. No me explico como hice para hablar con brigadieres, coroneles, comandantes, comisarios y pedirles más personal y hasta helicópteros.

¿Eso me correspondía a mi? ¿A un padre que estaba desesperado por encontrar a su hija?
Desde entonces pasaron más de 530 días, casi un año y medio, y noto con mucha tristeza que casi nada ha cambiado.
Lo peor es que el gobierno de Córdoba no mostró ninguna voluntad para resolver el problema de fondo. No tuvo ni tienen la decisión política de hacer lo que se debe hacer.

530 días eran más que suficientes para hacer un master plan, un plan maestro a lo largo de toda la cuenca del río Jesús María. Pero no se hizo ni tampoco hay noticias respecto de cuándo lo van a hacer.
¿Y para qué serviría un plan maestro? Sencillamente, para dejar de gastar valiosos recursos y hacer obras que tienen un escaso respaldo técnico. No necesitamos más parches, pero sí obras definitivas, bien planificadas, bien estudiadas, bien justificadas, con un sustento técnico.

Ya se gastaron más de 24 millones de pesos en la zona urbana de Jesús María, más de 10 millones en microembalses, otros tantos millones más en canales que se volvieron a tapar con lluvias de poco milimetraje. Si seguimos sin plan maestro, nunca sabremos qué obras se hicieron bien y cuáles no. Necesitamos la opinión en ese plan maestro de la gente que sabe: geólogos, especialistas en hidrología, biólogos, ingenieros, y personal técnico.

No quiero ponerme a sumar cuánto se invirtió y ni hablar de los 600 millones que costará hacer el sistema de cuatro mini diques en la cuenca del Jesús María. Pero antes de eso, si hubiesen invertido 2,3 millones de pesos ya tendríamos el estudio completo y obraríamos con seguridad.

Da la impresión de que a ningún político en el gobierno de Córdoba, ni en las municipalidades y comunas, ni en el gobierno nacional les importa la vida. Solo les importa hacer obras para que se vean, que queden lindas, y nada más que eso.

Mientras tanto, el resto de la sociedad se pelea como estúpida. Somos muy egoístas, nos importa solamente la quintita propia y no pensamos en algo que nos solucione a todos nuestros problemas. “No queremos un dique”, dicen los de arriba. Los del medio piden el dique sin saber mucho por qué, y los de abajo se quejan porque los canales no se limpiaron nunca, Nadie se fija en el trabajo integral que se debe hacer.

Pero no soy yo quién tiene que hablar de la parte técnica. Para eso están ingenieros, hidrólogos, geólogos, ambientalistas, arquitectos, políticos, ministros, directores, secretarios, auditores. Si hablo, es ¡porque ninguno de ellos lo hace y sigue pasando el tiempo y nada cambia!

Lo que digo es que tomemos las cosas seriamente, que nuestros gobiernos nacional, provincial y municipal trabajen en prevención y piensen en que no son cosas las que están en riesgo sino centenares de miles de personas.
Es hora de dejar de lado las miserias humanas, los egoísmos, la soberbia. Es hora de que nos pongamos a trabajar en serio, “por” y “para” la gente.

Y a nuestras autoridades en los tres niveles las hago responsables de las víctimas que ya tuvimos y de las próximas que tendremos sino hacemos lo que hay que hacer.

*Padre de Mariana.