El Marco
lunes 26 de septiembre de 2016

Manopropia

Por Patricia Acevedo*

Hubo una sociedad que se patrulló a sí misma: más precisamente, hubo numerosas personas que sin necesidad oficial alguna, simplemente porque querían, porque les parecía bien, porque aceptaban esa propuesta de orden que el régimen, victoriosamente, les proponía como única alternativa a la constante evocación de la imagen del caos pre-76, se ocuparon activa y celosamente de ejercer su propio pathos autoritario”.[1]

 Hace 32 años, más precisamente el año del retorno a la democracia, Guillermo O´Donnel, un politólogo argentino, describía con esa frase tan cruda: “una sociedad que se patrulló a sí misma”, lo que había sucedido durante los duros años de la dictadura cívico-militar en nuestro país.

Los testimonios, las imágenes, los comentarios de vecinos, ciudadanos, periodistas y hasta las palabras del mismo presidente Mauricio Macri, parecieron estar justificando que cada uno de los que nos sentimos perjudicados, o somos víctimas de delitos, nos convirtamos en patrullas sobre los otros. Esas imágenes de vecinos pateando, del carnicero y su persecución, esos mensajes en radios locales de vecinos justificando los golpes, me retrotrajeron a aquella frase, leída cuando era una joven que intentaba comprender lo que había pasado en nuestro país en los años en que poco se sabía de lo que pasaba... Esa frase, “la dictadura fue posible porque hubo una sociedad que se patrulló a sí misma”, durísima por cierto, me inspiró a reflexionar en relación a qué pasa cuando ese otro que nos roba la cartera o el celular se despersonaliza, es un delincuente antes que un joven, es un choro antes que un desocupado, cuando esos discursos se instalan, y la justicia por mano propia se naturaliza. Más aún cuando desde los responsables de garantizar/nos la seguridad se legitima la muerte y se justifica y victimiza al victimario, entonces, estamos ante el peligro de que todo vale.  “A mí me costó cómprame el led, así que si entro y me lo están choreando le doy con lo que tenga...”; “...obvio yo le daría maza hasta que se muera...”; “haría justicia por mano propia...uno trabaja de sol a sol, obvio que lo cago a palos, le doy hasta matarlo...” Estos y otros comentarios similares fueron recogidos del facebook de una radio regional, y creo no equivocarme si afirmo que expresan el amplio sentir de la población.

En la mayoría de los hechos que tomo como referencia, quienes perpetuaban los robos eran jóvenes, los bienes eran una cartera, un led, un celular...Lejos de mí está justificar estos u otros hechos y atentados menores sobre las menores propiedades de los casi tan pobres como los que roban...Lo que pretendo poner en debate es, por un lado,  el sentido de la justicia y la responsabilidad de quienes la administran, y por otro, la constitución de los otros como enemigos y en el marco de estas dos cuestiones, el papel de los gobernantes y de los comunicadores.

En relacion a la seguridad y la justicia, estamos, se supone, en un Estado garante, que debe protegernos y proteger nuestros bienes y propiedades, a su vez garantizar el debido proceso a quienes violan esos y otros derechos.

En relación a quién/es son los victimarios y cómo se los constituye: son jóvenes, vagos, drogones; nunca, jóvenes desocupados, desorientados, desatendidos por las instituciones del Estado.

Y en relación al papel de gobernantes y comunicadores, reiterar el valor que tienen las palabras según quienes las pronuncien... “(el carnicero) debería estar con su familia, tranquilo, tratando de reflexionar sobre todo lo que pasó, mientras la justicia decide”. El carnicero, el vecino, los vecinos, son los ejemplos de una sociedad amenazada en su vínculo social por el individualismo y la desprotección estatal. Son, en su gran mayoría, pares de quienes están en el suelo, la vereda o la calle, siendo pateados, escupidos, insultados.

Entre las víctimas y los victimarios, la nada, un Estado que no protege a ninguno de los dos, un Gobierno que legitima la justicia por mano propia, un Estado que justifica la patrulla civil sobre los que roban led o celulares y esconde contratos millonarios sinsentido o justifica la existencia de fundaciones truchas por las que circula dinero sucio. Y entre las víctimas, los victimarios y los gobernantes, los comunicadores, que, en su gran mayoría, producen noticias amarillas, realizan preguntas que justifican las respuestas “me imagino cómo te habrás sentido, claro le pateaste vos también”, o editorializan partiendo desde el sentido común: ¡Jóvenes delincuentes!

Rita Segato[2], antropóloga cordobesa radicada hace años en Brasil, decía hace poco en una charla en la Universidad de Rosario: “La sociedad busca también en los medios un espectáculo. Hay que reeducar a la sociedad para que busque en los medios información y no un espectáculo.”

Vuelvo a la frase de O´Donell, cuando una sociedad se patrulla a sí misma, cuando el todo vale, la vida pierde sentido, o en todo caso algunas vidas (la de un joven, desocupado, desescolarizado, que se robó un celular o un led) valen menos que el mismo celular o el led.

[1] O´Donnell, Guillermo., Democracia en la Argentina micro y macro. En Oszlak, Oscar (compilador), Proceso, crisis y transición democrática, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984.

 [2] Entrevista a Rita Segato: “La construcción del otro como antagónico es letal”.

 *Docente e Investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales UNC.